El Talmud rescata una halajá (ley jurisprudencial hebrea) dictada por Matatías el Macabeo en la época en que nació la festividad de Janucá. ¿Saben cuál es?
Hacia el año 335 a.e.c. Alejandro Magno conquista Judea. Los griegos permiten a los hebreos integrarse a la ciudadanía griega, para ello les exigen que aprendan el idioma griego. La asimilación de los judíos a la cultura griega es creciente. La primera generación nacida en Judea bajo dominio griego ya adopta nombres griegos, asiste a las academias de filosofía griega, los teatros, los estadios, los gimnasios. Los judíos adaptan las enseñanzas hebreas a lo que importa en el mundo griego.
Al morir Alejandro (323 a.e.c ) a los 33 años, se desencadenan sangrientas luchas entre sus generales para heredar su imperio . En los primeros años, Judea está bajo control de los griegos comandados por su general Ptolomeo, que permiten a los hebreos continuar sus prácticas de vida con bastante tranquilidad. En el año 167 a.e.c. el rey griego descendiente del general Seleuco, Antíoco IV Epifanes, vence a los ptolomeos y entra a Judea con su ejército. Los seléucidas son más intransigentes con los hebreos. En el Templo de Jerusalem, roban los candelabros de oro y se llevan todo lo que les parece de valor. En claro desprecio hacia los hebreos, usan el altar del Templo para sacrificar cerdos en honor a Zeus. Antíoco IV decreta que en cualquier lugar de sus dominios, quien se niega a arrodillarse y adorar la imagen del rey comete delito de traición y debe ser castigado con la muerte en el acto. Prohibe a los judíos leer o enseñar Ley Hebrea, celebrar Shabat o realizar cualquier ceremonia de la religión hebrea, bajo pena de muerte. La lectura de los Profetas (que hoy se denomina Haftará, lectura agregada al capítulo semanal del Pentateuco) queda como única permitida, porque los rabíes explican a los griegos que esos son los héroes del pueblo hebreo y estudiar a los héroes del pueblo está de acuerdo con la forma de pensar griega.
Si los soldados de Antíoco ven un grupo reunido al aire libre o en una casa, se acercan. Si se está realizando un rito hebreo, por ejemplo una circuncisión o matrimonio, son todos acusados de traidores, sin juicio previo matan a todos los asistentes, abuelos, padres, incluso niños y sirvientes, sin pedir ni escuchar explicaciones. Por eso los judíos al reunirse en esos tiempos, para estudiar la Ley Hebrea, tienen preparado un escenario de reunión para juegos: los soldados griegos verán solamente dinero para apostar y una mesa con un sebibon, perinola en ese entonces con 3 caras triangulares, la suerte dependía de en cuál lado del tablero caía. Como una pequeña ruleta con pocas alternativas, tal vez 5 o 6. La perinola ha evolucionado, pero ese es otro tema. Lo bueno de todo este asunto, decía mi padre Z’l es que Janucá ¡también se recuerda jugando!
¿Qué puede hacer la población frente a los soldados griegos? Muchos preparan refugios en los sótanos de sus casas y túneles de escape desde esos refugios hacia cuevas de las cercanas montañas. Ese dato se ignoraba, pero hace pocos años se han encontrado en sótanos bajo las antiguas viviendas y en cuevas del desierto de Judea, restos de agua, víveres, monedas, llaves de las casas, documentos familiares y Rollos de Torá guardados en esos refugios por la población hebrea en la época griega.
¿Quién puede animarse a luchar contra el ejército griego? Razonablemente, nadie. Pero en la aldea de Modiín, a unos 12 kilómetros de donde hoy está el aeropuerto internacional de Israel, vive un anciano que se llama Matatías, de la familia macabea, En el año 167 a.e.c. los oficiales griegos quieren obligarlo a que se arrodille y adore la imagen de Antíoco IV Epifanes. Hay momentos en que un líder puede cambiar la historia de su pueblo. ¿Qué hace ese anciano? No acepta esa orden.
Decide solo y sin dudar: libertad o muerte, para él y quienes lo sigan. Mata a esos oficiales y sus soldados.
¿Qué sucede con los habitantes de la aldea de Modiín? Tienen que huir de la aldea con Matatías y sus hijos, porque en cuanto los griegos se enteren de lo sucedido, matarán a todos los habitantes. A los aldeanos no les gusta pero no tienen más remedio que convertirse en guerrilleros. Se deslizan por la noche en los campamentos de soldados griegos mientras éstos duermen y los degüellan. Roban las armas y la comida que encuentran. Muchos guerrilleros pierden la vida en esos ataques, otros siguen adelante. Esa es la forma bárbara de luchar en esos tiempos. La historia griega y los relatos del Talmud cuentan que por otro lado, los macabeos van entrando en todas las aldeas judías. ¿Qué hacen? Requisan alimentos. Obligan a las parejas que viven juntas a casarse con el rito hebreo, a los varones a circuncidarse, tengan la edad que tengan. Aunque no les guste, los aldeanos tienen que unirse a los guerrilleros judíos. ¿Acaso los macabeos son amados por la población hebrea? En general, no. Los macabeos los han arrastrado a ir contra la corriente, en una guerra que no querían.
Los macabeos no luchan en Shabat, para respetar la santidad del día. El Talmud recuerda que los griegos deciden una burla sangrienta para un Shabat, eligen ese día para encerrar en una cueva a unos mil judíos y prenden fuego a la cueva. Los judíos prefieren morir quemados vivos para no violar el Shabat. Después de esto, Matatías el macabeo dicta una ordenanza: “la vida está antes de la observancia del Shabat”. Ordena luchar en Shabat para defenderse si el enemigo ataca.
Los rabíes del Talmud elaboran, a partir de esta ordenanza de Matatías, la halajá (jurisprudencia) que sigue hasta hoy: los mandamientos de la Biblia se han dado para vivir y no para morir.
Esta halajá (jurisprudencia, ley rabínica) sigue vigente en todo el mundo judío. Israel fue atacado en 1973 en Yom Kipur (Día de expiación) por la coalición de los países árabes liderados por Egipto y Siria. Los atacantes pensaron: “los judíos no tomarán las armas en el día más sagrado del calendario hebreo”. Pero se equivocaron. Habían leído la Biblia pero no el Talmud. No conocían la jurisprudencia rabínica que dice “la vida está antes que el Shabat y las festividades”. ¿Qué sucedió en la guerra de Yom Kipur? Sonaron las sirenas en todo Israel, los hebreos salieron inmediatamente de las sinagogas donde rezaban, fueron a sus bases del ejército, tomaron sus puestos de combate y defendieron las vidas de los habitantes del país.
El Talmud en esta página del Tratado Sanedrín lo dice claramente: Para salvar la vida, se pueden violar todos los mandamientos, incluso la observancia del Shabat. Pero esto tiene un límite. Hay tres mandamientos que no se pueden violar, aunque el judío pierda la vida por ello: La prohibición de idolatría, del incesto y del asesinato.
En el año 164 a.e.c., ya fallecido Matatías, los guerrilleros macabeos derrotan a los griegos y liberan el Templo de Jerusalem. Unos dos meses después, realizan la ceremonia de “Janucá” (inauguración) del Templo reconstruido. Iehuda el Macabeo, el comandante en esos momentos, fija para la ceremonia el 25 del mes de Kislev del calendario hebreo, precisamente el día del tercer aniversario de la profanación del Templo por el rey griego Antíoco IV Epifanes. Así da comienzo una época de casi 200 años de Israel independiente, que durará hasta la caída de Jerusalem bajo las legiones romanas, en el año 70 e.c.
El Talmud, relata la interpretación rabínica más popular de Janucá. Se encontró aceite suficiente sólo para un día de encendido de los candelabros del Templo, y ese poco duró ocho días, hasta que salió el aceite nuevo de la prensa. Los rabíes llaman al episodio, el milagro de Janucá y ordenan recordarlo de ahí en adelante, todos los tiempos, encendiendo luminarias durante 8 días seguidos, una velita el primer día y una más cada día, hasta llegar a las ocho. Ese candelabro agrega lugar para una novena vela con la que cada día se encienden las demás. La cocina judía de esos ocho días, recuerda el aceite milagroso en todas sus recetas. Papa, harina, manzana, verduras, esa semana todo acaba en “latkes” (panqueques), bizcochos y bollos fritos, rodeados de azúcar.
Este relato es más actual. Anatoly Sharansky cuenta que estaba en un campo de trabajo forzado en el archipiélago Gulag de la ex URSS y un compañero preparó una janukiá (candelabro para Janucá) con un madero. Los guardas lo encontraron y se lo confiscaron. Sharansky inició una huelga de hambre. El capitán del campo lo hizo llamar y le exigió acabar con esa huelga disparatada. El prisionero reclamó recuperar el candelabro de madera. El capitán dijo que al candelabro se lo había llevado la policía. Transaron en que Sharansky podía hacer la ceremonia de encendido de velas en la oficina del capitán. Le dieron a Sharansky una vela que cortó en 9 pedacitos. No sabía las bendiciones tradicionales de la festividad pero inventó allí mismo bendiciones propias, invocaciones a personajes y valores que admiraba y quería recordar. Fue una extraña celebración que realizó él solo, delante del capitán y su ordenanza que se pararon por respeto a algo que no comprendían, dejando arder las velas a pesar de que manchaban con cera la elegante mesa del capitán. Poco después el capitán encontró un motivo cualquiera para mandarlo una semana al calabozo, pero Sharansky contó que sintió que el castigo valía la pena a cambio de esa sensación de libertad y triunfo que sintió al encender las velas de Janucá.
Jánuca en el Talmud
03/Dic/2018
Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU